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Proyecto
- el Vino de Mi Pepino -

Vinos libres para espíritus libres

Corría 2022, después de una temporada enjaulados en nuestras cavilaciones carbónicas, decidimos ofrecer algo diferente en este alcanforado negocio que es el mundo del vino, donde las novedades, nunca lo son, porque llevan lustros siendo la piedra de Sísifo.

Así nació el proyecto más audaz de la bodega "El Vino de Mi Pepino", proyecto de investigación desarrollado por nuestro Centro de Viticultura y Enología Avanzada, financiado y desarrollado íntegramente por Vinos Malandrín. El objetivo, desarrollar nuestra brillante idea de crear los vinos más originales del mercado. Infalible.

El nombre elegido era toda una declaración de intenciones, queríamos conquistar toda la galaxia enopánfila, especialmente los satélites veganos y las constelaciones de tragones varios.

Idea simple, propia de mentes sencillas y dóciles como las nuestras. Fantaseábamos a diario, con elaborar esos vinos tradicionales de no importa donde, todos esos que nos gustan y a los que íbamos a dar nuestro toque de enoartista. Seríamos la revelación del año, fotos de guaperas, coches caros, revistas, guías, influmierders, incluso patrocinar a un equipo de F1. El cielo enólico en la tierra.

Parecía muy original, la idea, pero no lo era tanto, ya hacíamos un vino desde 2015, el bObO vt (antes Bobó vendimia tardía), que era exactamente eso, una locura de tinto fino vendimiada en Diciembre; inclasificable el resultado, además está vedado mencionar el vino que nos inspiró, andamos sobrados de enemigos 

Empezábamos mal, de todo el proyecto lo único original era el nombre, iba a tocar currárselo.

En 2022 la criatura fue un tintorrillo de maceración carbónica, o algo que pretendía serlo, lo bautizamos como Mc Malandrín, una maravilla, nuestro primer pepino. Dicen que era bueno, el que probó repitió.

El segundo elemento vínico salió en 2023, un clarete  al estilo de mi casa, todo un pepinazo, sabor potente y lengua afilada. Allí donde vaya no dejará indiferente, se nota que es un pepino Malandrín.

En el 2024, hemos repetido con otro pepino alocado o clarete, que en la primavera verá la botella.

Los cuentos del vino

El vino tonto

-¡Por dios! ¡Trata de recuperarlos! - me dijo con el gesto desencajado el padre de las criaturas.

Meticulosamente fui abriendo uno tras otro los cofres metálicos en los que yacían inertes los vinos. El olor no dejaba lugar a las dudas, eran cadáveres y desde hace tiempo. Poco más que hacer.

Diagnóstico: Muerte lenta y predecible por mala praxis.

Causa de la muerte: La Ignorancia

Le miré seriamente a la cara y le dije sin pestañear, que si fuera capaz de obrar milagros no estaría allí. No lo comprendió.

Insistió: "Pero ¿no se puede arreglar de alguna manera?"

- Están muertos, hace tiempo, ya huelen,... deberíamos darles un final digno - contesté pensando en la vinagrería y en la enorme cantidad de ensaladas que se podrían aliñar con aquel líquido.

entre mis múltiples defectos está el de ser poco convincente y desafortunadamente en esta ocasión tampoco conseguí mi objetivo. El afligido padre pensó que como el Cid, su cadáver también podría vencer después de muerto.

Manos a la obra, maquillaje y a la botella. El milagro de la multiplicación se obró con suma facilidad. Ahora teníamos miles de pequeños cadáveres, pero muy bien maquillados.

El final, el esperado, los muertos no resucitan, ni ganan batallas, salvo famosas excepciones.

Aún recuerdo con nostalgia aquellos tiempos, en los que el traje de bombero me iba como un guante y me reclamaban como apagafuegos, ahora, cercano el medio siglo, ya no me va tan bien, y cuando uso las gafas lo que veo es una barriga muy bien trabajada y un redondo pandero, oscuro objeto de deseo de muchas reinonas que conozco.

Aprendí entonces, que el vino es para el que lo hace, como los hijos para los padres.

No lo he olvidado, no nos gusta oír que tenemos un hijo tonto, cabezón o feo, agrada más oír cosas como que ya espabilará, al tonto, que ha de tener muy buena memoria, al cabezón, o lo más socorrido de todo, que se parece a su padre, al feo.

Desde entonces ya no maquillo al vino, pero si a las expresiones con las que describo al vino, sobre todo al vino tonto.

Llegan las fiestas y es tiempo de vino, del vino de mi pepino.

¡Salud!

Al olor

A raíz de varios encuentros con elementos del vino, ayer mientras las uvas iban cayendo pausadamente en la caja, le echaba un pensamiento a los personajes que me he encontrado recientemente en esto del vino.

Rápidamente, me vino a la mente una imagen clara, un símil perfecto para describir a tales seres. Pensé, en cómo todo tipo de especies de moscas peregrinan a un excremento fresco para saciar su libidinoso apetito con los tibios jugos de la rezumante masa . Así son esos seres zumbantes que me tropiezo cada vez más frecuentemente.

Algunos comebolsas dedican las mañanas a zumbar en otros excrementos y por las tardes pretenden zumbar como vinateros, todo gracias a la manteca que tragan del resto.

Otra nube considerable, son los que han venido atraídos por el olor rancio y tontuno del vino, muchos de estos urbaletos salieron expulsados de sus zumbaderos habituales, la mayoría cuando hubo recortes de zumbones en sus lugares de zanganeo.

Unos y otros comparten que en el pueblo de sus antepasados tenían unas viñas, de las que ni sabían y mucho menos podaban, ahora Disneyland, más parece circo, los payasos ya están.

Queda otra banda, atraídos por el alcanfor y la silicona, son los del adobe, el SUV y lña bragueta, dinero a montones, gusto ninguno. Enograma plano.

En común tienen, las tres especies, que antes de ser enoguays eran enobobos, han progresado, ahora son ambas, pues eso, uno afrutado y si no tiene, pues un mierdejo.

Estos moscones también pueden beber buen vino, el Vino de Mi Pepino.

Beba vinos Malandrín, si no sabe de vino, le gustará y si dice que sabe, su novia/o lo confirmará.

Salud!

De hoteles y resorts

Manolo, el langosta, ha vuelto este año, ¡y con compañía!, su fina señora y un alegre mozalbete.

Se han decidido a pasar el invierno en Vinos Malandrín.

Me han contado que se han instalado aquí porque somos gente maja, y que además tenemos muy buen vino, dos cosas muy ciertas y cada vez más sabidas.

Pero sobre todo, dicen, que han venido porque están hasta la mismísima punta de las antenas, de los hoteles para insectos, resultan caros, los espacios son ridículos, muchos zumbidos a todas horas, que se descansa mal por el ruido de las visitas de enopánfilos, picaduras y mosqueos a diario y lo que es peor, que se tienen que juntar con otros insectos de toda calaña y condición.

A mi, también me dan pereza los hoteles para insectos, tan iguales todos, con esos decorados de palitos matemáticamente aserrados y apilados, tan artificiales, tan aburridos, tan impostados. 

Triste carta de presentación del lugar y de sus mentes. Variedad de simples.

Beba vinos Malandrín, a mí me hará más rico y a Ud. le ayudará a ser menos infeliz.

¡Salud!

"In vino veritas" 
 Plinio el Viejo

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